¿POR QUÉ SOY DEL CÓRDOBA?

Soy Antonio Fernández (29/12/1999), un joven cordobés, afincado en Cuenca por estudios universitarios, y cordobesista desde la infancia. Interesado por el mundo del periodismo desde una edad temprana, decidí fusionar esto último con mi pasión por el equipo de mi ciudad, del que informo desde los 12 años.

A continuación, os muestro la razón por la que soy del Córdoba CF.

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Inicios de una pasión infinita

 

Todo comenzó con 5-6 años de edad cuando mi padre, abonado del Córdoba CF, me llevaba a ver al equipo de mi ciudad casi por obligación. En ese momento, el club blanquiverde militaba en el Grupo IV de la Segunda División B y para un niño de esa edad acudir a un partido de esas características no era precisamente un espectáculo.

 

Recuerdo que aún no existían asientos en la zona de Tribuna y me dedicaba a dar carreras de un extremo a otro hasta que mi padre me detenía. Una muestra de mi interés hacia los partidos que disputaba el Córdoba fue en la visita del Talavera CF, en la jornada 5, en el que bauticé al cuadro manchego bajo el nombre del Calavera. El partido acabó con derrota por 2-3 y las ganas por asistir al próximo partido en El Arcángel seguían ausentes en mí

Primera alegría blanquiverde

Esa pasión blanquiverde no despertaría hasta la temporada 06-07, año en el que el Córdoba CF conseguiría regresar a la categoría de plata del fútbol español.

 

La cita más especial la viví en el partido de ida de la final del playoff de ascenso contra la SD Huesca, ese partido sería el punto de inflexión, ese día me bauticé como cordobesista.

Un partido en el que el reino mostraba una de sus mejores galas, las gradas estaban abarrotadas y se respiraba esa ilusión de toda una ciudad en ver de nuevo a su equipo en Segunda A.

 

No nos dio tiempo casi de terminar de cantar nuestro himno cuando Pierini mandaba un testarazo al fondo de la red, el Córdoba comenzaba el partido con muy buen pie. Un segundo gol de Guzmán, tras recorrer más de 30 metros para superar al meta oscense, desataba la locura en el coliseo cordobesista y acercaba al conjunto blanquiverde al ascenso. 

Los hombres de Escalante certificaron el retorno a Segunda gracias a un empate a 1. El gol de blanquiverde era obra de Dani, que con algo de suspense anotaba un penalti. Finalmente, El Alcoraz se convirtió en una representación de Las Tendillas.

En aquellos tiempos, no estaba muy de moda ser del Córdoba, incluso se bromeaba que ver al Córdoba CF en Primera era incluso más inalcanzable que España ganase un Mundial (después se matarían dos pájaros de un tiro). Orgulloso de mi equipo, aprovechaba cualquier momento para enfundarme la equipación blanquiverde con el 7 de Arteaga a la espalda, mientras la mayoría de niños buscaban ser como Ronaldinho o Ronaldo.

A partir de ese momento, he vivido dos salvaciones heroicas. La primera fue la de la temporada 07-08, en la que el penalti errado por el jugador del Cádiz CF, Abraham Paz ante el Hércules CF validaba el empate del Córdoba en Anoeta y nos permitía permanecer en la categoría de plata. La segunda es más frecuente, hace dos temporadas, cuando un grupo liderado por José Ramón Sandoval, realizaba unos números de ascenso en la recta final del campeonato que hizo realidad el milagro de la salvación.

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Toqué el cielo en Las Tendillas

 

Sin embargo, no he vivido nada igual como el regreso a la máxima categoría del fútbol español 42 años después. Recuerdo ese 22 de junio de 2014 como uno de los días más emotivos de mi vida. Me reuní con un par de amigos en un bar del centro de Córdoba para vivir el enfrentamiento de vuelta contra la UD Las Palmas.

 

En la isla, se decidiría el sueño de varias generaciones cordobesistas y mi corazón, junto al de todos los cordobesistas, estaba en las gradas del Estadio de Gran Canaria. Con mi camiseta del Córdoba y la bandera blanquiverde al cuello viví los más de 90 minutos de partido.

 

Cuando todo apuntaba a que la UD Las Palmas sería el último equipo de Primera en componer los 20 clubes de la competición,  el terreno de juego quedaría asaltado por miles de aficionados locales y el encuentro estaría varios minutos detenido. Fueron momentos duros, una espera desagradable y un sentimiento de agonía que se prolongaba, pero que finalmente merecería la pena.

Un balón largo de Juan Carlos, meta del Córdoba CF, que bajaría al verde Pelayo Novo, el hombre del codo fastidiado, se revolvería y sacaría un centro al área amarilla para que Raúl Bravo rematase de primeras, en ese momento se paró el mundo y a continuación todo sucedió a cámara lenta. El remate de Raúl Bravo sería expulsado por el portero local Mariano Barbosa, que no logró atajar el esférico, quedando este en zona de nadie. Ahí es cuando aparecía Ulises Dávila para empujar el balón al fondo de la red.

 

Córdoba vibraría como nunca antes había ocurrido, las lágrimas brotaban de mis ojos y los abrazos con el resto de cordobesistas eran múltiples, el Córdoba volvía a Primera y como más le gusta hacerlo, de esa forma tan particular, pues esto significa ser del Córdoba CF, sufrimiento hasta para alcanzar la gloria.